CAPACITAR EN RELACIONES HUMANAS: SIN CONVERSACIÓN NO HAY PROGRESO.

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Somos, por la naturaleza de nuestra especie, tan humanos como inhumanos, el ying y el yang. En los albores de la era empresarial el ejercicio más común para lograr el rendimiento de otros era por costumbre, por desconocimiento o desconfianza, bastante inhumano; algunos benditos cambios de visión condujeron tímidamente al abandono del despotismo como modelo para obtener utilidad y beneficio, alguien entendió que se cazan más moscas con miel que con vinagre y muy paulatinamente se fue alcanzando un equilibrio precario en las relaciones laborales que, felizmente ahora, parecen empezar a avanzar de la mano de la parte más venerable de la naturaleza humana.

Es la comprensión, tímida todavía, de que gente más satisfecha y participativa contribuye más a la prosperidad social y económica ¡Bravo!

Pero aún hay pasos que dar, porque nos hemos centrado durante más de un siglo en generar una población activa formada solo en lo técnico y con una asombroso apetito de mando y poder, en la creencia de que encerraban el secreto de alguna modalidad de triunfo ¿Cómo se sustituyen aquellos dudosos valores de éxito por los más acertados —en mi opinión— de la satisfacción personal y colectiva, el crecimiento propio además del de la organización, o sea, el bienestar compartido como pilar de productividad? ¿Cómo sustituir el mando por el liderazgo? ¿Cómo transformar la competitividad en colaboración?

El conocimiento se sustituye con nuevo conocimiento: la tierra dejó de ser plana y empezó a girar alrededor del sol y supimos de la gravitación universal con demostraciones. Cambios radicales pueden darse. Valga la analogía para explicar que si queremos describir trayectorias perfectas, hay que aprovechar esa fuerza de atracción mutua entre las personas, que nos hace permanecer en equilibrio sostenido y sostenible. Es como G, una fuerza constante que por pequeña que sea, existe. Ya nos hemos demostrado sin ambages desde la prehistoria que la conexión entre miembros de las comunidades, la capacidad de compartir el conocimiento, la cooperación y las relaciones entre nosotros son el eje del éxito en el desarrollo de la humanidad. El debate y el intercambio de distintos criterios, gestionado con habilidad e inteligencia, resulta en ideas mejores y más completas.

La comunicación es el rasgo más extraordinario de nuestra especie y sin embargo, casi ninguno hemos sido formados y entrenados en hacer de algo tan cotidiano una herramienta esencial en el logro de objetivos profesionales individuales y colectivos.

Y se da la paradoja de que se lideran equipos por los logros conquistados con nuestras capacidades técnicas sin haber tenido acceso ni a las más básicas nociones de liderazgo. Cultivemos en la empresa la ambición del desarrollo de las habilidades en las relaciones humanas, no como formación puntual y para los premiados (esos que ya intuitivamente lo practican), sino como una actividad estructural transversal y para todos sus miembros en una práctica imprescindible de la organización: La escucha, la apreciación del talento, la motivación, el fomento de la colaboración, la confianza, el ejemplo y el compromiso con los objetivos comunes no deberían pertenecer al ámbito de la conciencia individual sino al hábito de la práctica colectiva y al propósito de la organización.

Así como ocurre ya con los conceptos de Calidad y Responsabilidad Social, sería un gran logro crear de forma específica “in house” un Área de Liderazgo e Inteligencia Social, que provea la formación de habilidades y fomente el uso de las herramientas que nunca aprendimos en la vida académica. Con competencias específicas como:

• Capacitación en liderazgo.

• Servicio Interno de coaching.

• Gestión de disfuncionalidades e ineficiencias.

• Gestión de conflictos.

• Desarrollo de habilidades para ganar cooperación.

• Capacitación para comunicar y comunicarse.

• Expansión de la cultura organizacional desde la mejora de las relaciones.

Esta es la idea que dejo, la sistematización de la práctica de la colaboración para el progreso de los individuos, su satisfacción y su rendimiento en favor de organizaciones más productivas y por tanto, la consecución de una sociedad más participada, feliz y eficiente. Llegarían de su mano resultados deseables y que sin embargo quedan hoy al azar de las habilidades individuales de algunos directivos:

Retención de talento porque el secreto de la prosperidad de la organización está en el deseo de pertenencia de sus miembros; rendimos por motivación.

Equipos diversos y plurales con bajo nivel de conflicto y la colaboración como bandera.

Menor absentismo y un gran nivel de compromiso.

Una cultura expansiva y predominante de humanismo: Individuos satisfechos y organizaciones prósperas que trabajan, también desde dentro, la responsabilidad social y a favor del bien común.

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aurora sanabria

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