La empresa en "La Era de la Amabilidad"

La empresa “Empresa Amable” del futuro continuará siendo un pilar básico del funcionamiento y el dinamismo de nuestra sociedad. Estará liderada en su cúpula y estructuras intermedias por personas con alto nivel de autoconocimiento y de inteligencia “antroposabia”. Solo así podrán sus líderes gestionar una organización de humanos y contribuir a una sociedad humana y emocionalmente sostenible. Es la empresa propia de la nueva Era de la Amabilidad en la que el fin primordial no es solo la consecución de riqueza y rentabilidad financiera. Su fin estará ampliado a la producción de bienes y servicios que la sociedad necesita a la vez que la integración de los ciudadanos, para la consecución de un verdadero y “nuevo bienestar” más basado en la calidad de las relaciones humanas y la satisfacción de nuestras necesidades, tanto fisiológicas como psicosociales y de “sentido”.  

 

Para ello, las empresas internamente deberán desarrollar y conseguir: 

 

• Merecer y alcanzar el compromiso de sus trabajadores y colaboradores actuando siempre con los valores y coherencia necesarios para no defraudarlo.  

• Dedicar a las personas el tiempo, energía y recursos que merecen como núcleo de cualquier organización, con objeto de crear entornos de reconocimiento y exigencia equilibrados y motivadores que propicien la dignidad y el crecimiento de las personas y minimicen los miedos e inseguridades.  

• Facilitar y apoyar para ello a sus integrantes y colaboradores para vivir en “la mejor versión de sí mismos” creando entornos seguros y de confianza, compatibles con la exigencia, para optimizar nuestras relaciones y la colaboración con nuestro entorno, a la vez que conseguir un eficiente y exitoso funcionamiento empresarial. 

• Comprender y fomentar el desarrollo del talento de cada uno encajando fortalezas y debilidades de unos y otros al servicio del propósito empresarial y de la satisfacción de los integrantes de la empresa.   

• Caminar guiadas y con la energía de su misión y propósito en nuestra sociedad, aunando y cohesionando la labor y los esfuerzos de las personas que la integran, quienes sentirán el propósito de la empresa como propio por su contribución a él, obteniendo en ello un refuerzo a su sentido vital y de pertenencia. 

• El alineamiento de los intereses y necesidades de los colaboradores con el propósito y metas empresariales de forma que los intereses de las organizaciones abracen los de sus integrantes y viceversa, inspirados y guiados por una visión compartida. 

• Ser capaces de mirar y escuchar a las personas y a la sociedad con sus emociones individuales y colectivas. 

• El liderazgo por “personas equilibradas”, con el ejemplo y la coherencia como vías para garantizar la lealtad y el compromiso de todas las personas de la organización. 

 

Y en lo que se refiere a la relación con el ecosistema empresarial y social, las empresas del futuro deberán: 

• Comunicar y vender con trasparencia, honestidad y sin atrapar o secuestrar a sus clientes y consumidores. 

• Hacer amable la vida a sus clientes y consumidores sin generar artificialmente más y más necesidades, haciendo la “descontratación” o el desenganche de servicios,  tan fácil como su contratación, evitando la conversión de todo en “obsoleto” con enorme rapidez, como estrategia para secuestrar a los ciudadanos al servicio de la maquinaria económica empresarial. 

• Contribuir a un amable dinamismo y movimiento social promoviendo la inclusión y el encaje en la sociedad de los más y los menos brillantes y capacitados, reduciendo el número de “innecesarios”. 

• Entender al cliente y consumidor para facilitarles, “de verdad”, la vida reduciendo el stress, la presión de un consumo alienante y los insanos niveles de exigencia o de cambio. 

• Promover mayores niveles generales de cooperación compatibles con una sana competencia. 

• Ser fiables y respetuosas con sus proveedores y en general en el dialogo con los grupos de interés. 

• Procurar contribuir a un real “bienestar social sentido o experimentado” minimizando los impactos negativos en el entorno y la sociedad derivados de sus actividades. 

• Equilibrio y coherencia en los comportamientos de sus representantes para evitar prácticas contrarias a los valores y ética sociales. 

 

Construyamos por tanto empresas, creando entornos con los más altos niveles de compromiso, en los que las personas vivan con “sentido individual” en organizaciones “entroncadas con sentido” en nuestra sociedad. 


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alfredo sanfeliz mezquita

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